Como manejar a los caballos sin maltratarlos
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DOCUMENTO UNICO EQUINO- LIBRETA SANITARIA EQUINA
Por Marcos Giménez Zapiola, Ph.D.
Estancia Nazareno
Entre Ríos, Argentina
Publicado en: Márgenes Agropecuarios (Buenos Aires, Argentina), Año XV, No 175 (enero de 2000)
El trabajo con la hacienda equina y ganadera suele poner a prueba la resistencia de la empresa ganadera. Por lo general, los corrales, los caballos, el ganado y la gente terminan la jornada un poco peor que al comienzo. Y el trabajo prosigue el día después, atendiendo los daños emergentes. En pos de la rentabilidad, se tiende a intensificar la inversión en tecnologías sofisticadas, sin dar importancia a inversiones intelectuales poco costosas, como el mejoramiento de los métodos y la calidad del trabajo ganadero, que tienen un impacto inmediato y duradero sobre los resultados empresarios.
Muchos propietarios aceptan el maltrato de sus animales como si fuera inevitable, porque creen que estos son brutos y porfían en llevar la contra. No es así: los animales sólo hacen lo que se los induce a hacer, y los brutos y porfiados somos más bien nosotros, que les llevamos la contra a ellos. Tras años de investigación y experimentación, se cuenta hoy con métodos científicos que eliminan la violencia en el manejo de los caballos y bovinos. Su exposición requiere más espacio que el disponible aquí, de modo que sólo se enunciarán algunas reglas simples de trabajo, para beneficio de quienes se interesen por erradicar el maltrato y aumentar la eficiencia en el tratamiento de los animales.
El manejo tradicional consiste en controlar a los animales por la fuerza, mediante el uso y abuso de mano de obra, caballada, instalaciones y herramientas de presión (látigos, picanas, mochetas, etc.). Tratándose de animales de gran tamaño, este método conlleva un abundante despliegue de recursos y energía.
El nuevo sistema, en cambio, procura dominar a los animales por medio de la inteligencia, poniendo maña antes que fuerza. Esto es más fácil decirlo que hacerlo, y requiere la decisión empresaria de invertir en capacitación e implementar los nuevos criterios de manejo. El beneficio de esta innovación es doble, pues reduce los costos y aumenta la producción, es decir, se obtiene cada vez más por menos. Y además, es duradero, pues una vez que el personal entiende los principios del buen manejo, se inicia un proceso continuo de aprendizaje y mejoramiento a través de la práctica cotidiana.
1. Trabajar sin apuro
Aunque es sabido que el apuro es mal consejero, se tiende a batir récords de velocidad de trabajo, en detrimento de la calidad del mismo. Los animales que mueren, se arruinan o se lastiman, se llevan con creces el ahorro en horas-hombre por cabeza.
Esto suele generar estrés y accidentes de trabajo, que son mucho peores que las pérdidas meramente materiales.
Para no trabajar apremiado por el tiempo, lo mejor es sacarse el reloj y concentrarse en el trabajo. Si no se puede terminar, hay que contar con piquetes para dejar los lotes en buenas condiciones de alimentación hasta el día siguiente. Trabajando sin apuro, casi siempre se termina antes, confirmando la máxima napoleónica antes de las batallas: vísteme despacio, que estoy apurado.
2. Trabajar en silencio
En la mayoría de los campos, el trabajo con los animales suele ser una sinfonía bastante discordante de mugidos, balidos, alaridos, ladridos y demás sones de guerra. Los animales expresan su malestar, dolor o miedo, que comunican y contagian al resto de la caballada. El personal contribuye al desorden con gritos, órdenes sin sentido e insultos, creyendo que sirven para hacer el trabajo.
Los equinos y los vacunos son muy sensibles a los sonidos agudos, como los chistidos, alaridos o chirridos. También perciben las actitudes, cuando los gritos van acompañados de un tono agresivo o furioso. Ninguno de estos sonidos contribuye a facilitar el movimiento de los animales, aunque muchos piensen lo contrario.
Los animales ya se encuentran en una situación de tensión por haber sido sacados del campo y encerrados, y el griterío sólo sirve para agravarla. Cuanto menos ruido haya, más tranquilos estarán los animales y menos resistencia opondrán a nuestros propósitos.
3. Prescindir de las personas miedosas, agresivas o nerviosas
El manejo de animales no es para cualquiera. Esto es obvio con los caballos y los perros, que suelen traer problemas a las personas con estas características de personalidad. Pero también vale con los vacunos, que son igualmente perceptivos y que reaccionan instantáneamente ante las personas con buena o mala onda hacia ellos.
Las personas miedosas tienden a sobreactuar para disimular su temor, lo que es contraproducente porque genera una reacción antagónica en los animales. Las personas agresivas tienden a descargar sus problemas y frustraciones sobre quienes tengan en situación de subordinación, ya sea la mujer, los hijos, el caballo o los animales del patrón. Y las personas nerviosas generan tensión con su mera presencia, pues los vacunos son psicólogos instantáneos, equipados por millones de años de supervivencia para captar sin demora qué clase de bicho tienen enfrente.
La investigación etológica ha comprobado que los miembros de una manada o una tropilla recién juntada constituyen su orden jerárquico en menos de cinco minutos. Lo hacen mediante señales y gestos de dominación-subordinación, sin necesidad de pelearse. Es el mismo lapso que les toma determinar si el ser humano que está trabajando con ellos es un individuo dominante o simplemente un pendenciero.
4. Cuidado con los perros
La mayoría de los perros que pueblan nuestros campos son hechura de sus amos, que a su vez no tratan bien a los animales. Se cree que ayudan para correr a los animales por los potreros, hasta que se junten, pero siendo los bovinos animales de manada, se juntarán solos, sin necesidad de perseguirlos ni asustarlos. Casi siempre, las dificultades que hay en juntar hacienda se originan en la reacción negativa que causan los perros malos.
Una vez que los animales están encerrados, los perros casi siempre hacen daño, porque establecen una relación predador-presa sin posibilidades de huida para los animales, contra lo que sucede a campo abierto.
Se exceptúan las pocas razas caninas aptas para trabajar con ganado. Además de contar con la herencia genética apropiada, los perros deben estar entrenados para el trabajo. Y los animales deben estar habituados al contacto diario con perros, pues de lo contrario reaccionarán mal ante su sola presencia.
Finalmente, no hay perros que trabajen solos, ni buen perro sin buen amo. De poco servirá el mejor Border Collie o Kelpie, aunque haya sido entrenado, si termina en manos de alguien que no está preparado para dirigirlo.
5. No aglomerar a los animales
La mayor parte de los problemas emergentes del manejo convencional en corrales se evitan si no se hacina a los animales. No hace falta ser un etólogo para saber cuánto sufren los animales cuando se los comprime en espacios cada vez más reducidos, culminando en la manga, el cepo o la balanza. Basta con mirarlos.
El manejo por aglomeración es una muestra de ignorancia, pues se basa en someter al animal por la fuerza en vez de moverlo aprovechando sus impulsos naturales. Una vez que se ha apretado a los animales en un espacio reducido, la única alternativa de manejo es seguir apretándolos hacia la salida, lo que les provoca estrés y exige mucho esfuerzo, presión física y violencia de nuestra parte.
Cuando se deja suficiente espacio para el movimiento natural de los animales, en cambio, es fácil dejarlos seguir su instinto de fuga, que los lleva a meterse solos en los bretes y en la manga si perciben que la salida está allí. Ni siquiera hace falta entrar para empujarlos, y el principal problema pasa a ser controlar la velocidad, para evitar que los animales se arrinconen en la boca de la manga o que ingresen demasiados y los más débiles terminen aplastados.
6. No agredir a los animales
El común de los trabajadores de campo cree que el animal los respetará si le demuestran guapeza, lo que se traduce en actitudes agresivas con el fin de amedrentarlo, como harían para imponerse a otro ser humano. Esto es contraproducente,ellos nos respetan porque pertenecemos a una especie dominante: lo llevan en sus genes. En consecuencia, tienden natural y espontáneamente a apartarse, y lo único que se requiere para moverlos es darles una salida. La clave del buen manejo es dejarlos que vayan hacia donde necesitamos que vayan. Cualquier forma de amenaza o agresión genera una reacción contraria -de defensa o de enfrentamiento- que corta el impulso a la fuga. Va de suyo que mover a un animal que nos enfrenta exige un esfuerzo varias veces superior al que se requiere para dejarlo simplemente que vaya adonde quiere ir.
Para agredir a un caballo o a una vaca no hace falta pegarle con un caño: pechar, azotar, picanear, gritar, azuzar o, aunque no se lo crea, mirar fijo con actitud amenazante a un animal, son ataques que éste capta instantáneamente. Su reacción consiguiente de resistencia evoca una situación humana bastante común, en la que alguien que aceptaba retirarse de un lugar se vuelve en contra cuando encima se lo quiere empujar ¿Para qué me empuja, no ve que me estaba yendo?.
La picana eléctrica es identificada universalmente como instrumento de tortura, y su uso en producción animal seguramente será prohibido más pronto de lo que se cree, sea por motivos de bienestar animal, calidad del producto, restricción de la competencia, o una combinación de ellos. No hace falta esperar a que nuestros clientes la proscriban, por una razón muy sencilla: se trabaja mejor sin picana, pues los animales aprenden rápidamente que la manga no es una cámara de tortura sino el pasillo de salida.
7. Tomar distancia
La presión óptima es la que induce a los animales a fugarse sin enfrentarnos, y se ejerce desde una distancia mayor que la habitual en el trabajo ganadero, basado en empujar al animal. Ello obliga a trabajarlo de cerca, perdiéndose la distancia adecuada para presionarlo psicológica, en vez de físicamente, denominada:distancia de fuga.
El animal fugará de nosotros mucho antes de que estemos en posición de empujarlo, de modo que la clave está en operar sobre su impulso natural a la fuga antes que sobre las leyes físicas de acción y reacción. El buen manejo consiste en conducir los animales de modo que fuguen hacia donde uno necesita que vayan, sin obligarlos ni empujarlos.
En materia de presión sobre los animales, más es menos y viceversa. Cuanto más se empuje, más resistirá el animal. El mejor nivel de presión es el mínimo, tanto para el trabajador, que ve aliviada su tarea, como para el animal, que responde más rápidamente y no sufre las secuelas habituales de los golpes, el pánico y el estrés.
8. En los corrales, trabajar de a pie y desde afuera
El encierro magnifica cualquier forma de presión que se aplique a los animales. Este factor multiplicador aumenta en relación directa con la reducción del espacio. En el potrero, los animales toleran que el recorredor se meta entre ellos, pero tenderán a arrinconarse o arremolinarse ni bien se les limite su espacio. Por eso, conviene aflojar la presión -en vez de aumentarla, como es común- a medida que los animales van entrando a lugares más reducidos.
En algunas provincias, como La Pampa, se trabaja de a pie. En otras, como Buenos Aires, esto se considera de gringos. En Corrientes, provincia de larga tradición ganadera, la generalización de la cruza índica ha enseñado a trabajar de a pie y a la distancia. Lo que ayer fue resistido, hoy es tradición. Se supone que la gente quiere trabajar mejor, no peor, y la clave es dotarla de herramientas superiores a las antiguas. Una vez aprendidos los nuevos métodos de manejo, se puede volver a trabajar de a caballo en espacios reducidos, pero será un trabajo muy diferente del antiguo, pues al jinete le bastará ubicarse en una buena posición y moverse apenas para lograr que la hacienda o la tropilla vaya adonde debe.
9. Presionar al animal en los flancos, no en la cola
Este es el secreto del manejo inteligente del ganado. Va contra los hábitos más arraigados de trabajo, originados en nuestro propio instinto como especie cazadora: la mejor posición para atacar a un animal es desde su cola, que es su punto indefenso.
Aplicado al trabajo con ganado, obliga al manejo por la fuerza, que casi siempre termina en la violencia, porque el animal no tolera de buen grado tener un predador en su zona ciega, un ángulo de unos 30o con vértice en la cola. Lo mismo nos sucede a los seres humanos cuando alguien se nos pega atrás, sea en una cola, caminando por la calle o manejando en auto. El animal necesita tenernos a la vista, y termina dándose vuelta en vez de marchar derecho. Para que siga hacia adelante, se requiere meterlo en un callejón o un tubo; aún así, tratará de darse vuelta y resistirse en vez de fugarse.
Se moveran hacia adelante si se lo presiona en el flanco, es decir, desde una posición en la cual nos pueden ver (con un ojo) y a la vez pueden ver la salida. A diferencia de la presión sobre la cola, que no exige mayor esfuerzo mental del trabajador, la presión lateral requiere una constante observación del movimiento de los animales y el consiguiente reajuste de la posición. Si uno se rezaga, los animales virarán hacia nuestro lado. Si uno se adelanta, lo harán hacia el lado contrario o incluso se detendrán.
10. Circular en calma a los animales por las instalaciones antes de trabajarlos
Dejamos para el final una práctica muy sencilla que es un buen punto de partida para mejorar el manejo, reeducando a los animales y, por qué no decirlo, al personal.
Los animales tienen grabada en su memoria la experiencia previa en los corrales, que rara vez ha sido buena. El pasaje en calma por la sucesión de corrales y manga, controlando el flujo para impedir apretujones y choques, le enseña que hay una salida. Esto parece una trivialidad, pero el trabajo convencional le enseña precisamente lo contrario, es decir, que cada vez que se los junta será para someterlos a un encierro progresivo. Que finalmente este encierro tenga salida no borra la terrible experiencia del hacinamiento creciente que caracteriza al manejo habitual. ¿O acaso no nos asaltaría el pánico si en la vida real nos viéramos constreñidos en espacios cada vez más reducidos, donde cada salida aparente nos llevara a una situación más enclaustrada?
En cuanto al personal, hasta los más testarudos podrán comprobar en la práctica que los animales se van solos, siempre que no se los empuje.
Tropas, apartes y transporte
Estas recomendaciones para el manejo en corrales y manga también son aplicables a las otras labores ganaderas.
Para tropear hacienda, por ejemplo, es mejor no apurarla, no agredirla y tomar distancia. Si se la empuja de atrás, se termina con animales refugados y grandes galopeadas para rejuntarlos, y peor será si intervienen los típicos galgos garroneros.
Para apartar animales es ventajoso hacerlo en calma, presionar sobre el flanco, dejar que los animales se alejen solos, y en lo posible, que se vayan juntando en la nueva tropa sin sentirse apremiados.
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